confesó—. Imaginaba que llevaría un vestido increíble, que tendría un coche mejor que el suyo, que me vería y se arrepentiría.
Adrián esperó.
—Y cuando pasó… llevaba zapatillas.
Él miró sus zapatillas blancas.
—Son buenas zapatillas.
Lucía soltó una pequeña carcajada.
La tensión se rompió durante un segundo.
Entonces Adrián vio el hematoma que comenzaba a aparecer sobre su pierna.
Su expresión cambió.
—No.
Lucía reconocía aquella voz.
—Adrián.
—No voy a hacer nada que tú no quieras.
—Prométemelo.
Él tardó demasiado en responder.
—Prometo que no haré nada fuera