17 minutos después de la escena.
Rafael Valdés había recibido ya 3 llamadas.
La primera procedía de la dirección de la galería comercial.
La segunda, de un importante cliente que había reconocido a Álvaro en el vídeo grabado por uno de los compradores.
La tercera era de Beatriz.
Había roto el compromiso.
—Rafael, puedo explicarlo.
—Espero que puedas —respondió el socio—, porque en el vídeo pareces patear deliberadamente a una mujer y después amenazarla utilizando el nombre de este despacho.
—Ella es mi ex.
Valdés se quedó mirándolo.
—¿Eso mejora