un paso hacia ella.
—Entonces ayúdame.
Lucía negó lentamente.
—Que desee que cambies no significa que tenga que salvarte.
Álvaro se quedó quieto.
—Antes confundías mi paciencia con debilidad. Ahora estás confundiendo mi compasión con una invitación para volver a utilizarme.
—No quiero utilizarte.
—Has venido únicamente cuando perdiste aquello que te importaba.
Álvaro abrió la boca.
No encontró nada que decir.
Lucía continuó:
—Cumple con lo que decidan los tribunales. Habla con tu empresa. Pide ayuda a tu familia. Empieza otra vez si tienes que hacerlo. Yo lo hice.