mientras su jefe dormía. “Tus manos solo sirven para empujar una escoba”. Cancelé una compra de 96.000 euros y guardé su cuaderno; la página 48 escondía algo peor.
Me dejaron plantado en el altar y encontré a mi suegro celebrando en el bar con todos. Lo escuché reírse diciendo que era un hombre sin tierras, sin apellido y sin futuro, entonces compré en silencio las 18 hectáreas que nadie quería… lo que ignoraban es que bajo esa tierra maldita había algo que iba a cambiarlo todo.
—Estoy bien.
—La