ha pateado —dijo una dependienta, incapaz de seguir callada.
Álvaro intentó soltarse.
—¿Quién demonios eres? Soy abogado. Te conviene quitarme la mano.
Adrián lo liberó inmediatamente, pero su expresión resultó todavía más inquietante.
—Valdés & Montalbán, planta 18 de Castellana 214 —dijo—. Correcto.
Álvaro palideció.
Ese edificio pertenecía a una sociedad vinculada a Montenegro.
Beatriz dio un paso atrás.
—Álvaro… ¿quién es este hombre?
—Nadie —balbuceó él.
Adrián volvió los ojos hacia Lucía y tomó suavemente su mano. La alianza de platino que ella llevaba quedó completamente visible.
—Soy su