ojos se llenaron de lágrimas.
—Lo sé.
Entonces miró a Ethan otra vez.
—No voy a pedirte que vuelvas conmigo.
Eso me sorprendió.
—Solo quiero preguntarte una cosa.
—¿Qué?
Daniel respiró hondo.
—¿Algún día me permitirás conocer a mi hijo?
Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.
Ethan apareció abrazando su avión.
Miró a Daniel.
Luego me miró a mí.
—Mamá…
Señaló al hombre frente a nosotros.
—¿Ese señor es mi papá?
Daniel dejó de respirar.
Yo había protegido a Ethan durante tres años.
Ahora debía decidir si