mesa había un grueso sobre marrón con mi nombre completo escrito encima.
—¿Qué hay dentro? —pregunté.
—Lo abrirás después de la cena.
—¿Por qué no ahora?
—Porque si lo abres ahora, quizá no quieras quedarte hasta el final.
Su respuesta me heló la sangre.
Empecé a pensar que tal vez estaba gravemente enfermo y que el sobre contenía su testamento. Entonces noté que sus amigos evitaban mirarme a los ojos. Pedimos la comida, pero yo no podía tragar ni un solo bocado.
Los hombres hablaban de sus años de juventud.