profunda tristeza al ver la inocencia que le habían arrebatado, al darme cuenta de que su padre le había mentido descaradamente al salir por la puerta y abandonarla. Pero mantuve la voz firme, el rostro sereno, apartándole suavemente el cabello oscuro de la frente.
—Papá tuvo que irse por mucho tiempo, cariño —le dije, asegurándome de que mi tono le transmitiera total seguridad, protegiéndola por completo de la terrible verdad de su traición—. Pero nunca, jamás te abandonaré. Ahora solo somos tú y yo, ¿de acuerdo? Somos un equipo.
Ella