dónde estaría Carmen esa noche.
Y esa respuesta ya la tenía.
El departamento adaptado estaba listo.
Había una cama adecuada.
Había espacio para la silla.
Había medicamentos comprados.
Lucía había preparado ese lugar pensando que quizá todo sería una exageración.
Ahora entendía que había sido prudente.
Cuando llegaron a la puerta, Sergio intentó detenerla con una última explicación.
—Yo nunca quise hacerle daño.
Lucía lo miró.
—Pero la dejaste encerrada.
—Fue para evitar que se cayera.
—Entonces, ¿por qué las tiras?
Sergio no contestó.
Carmen sí.
—Porque cuando pedía salir,