nadie venía.
Lucía cerró los ojos un instante.
Después tomó las manos de su madre.
—Ya no vas a pedir que alguien venga.
Abrió la puerta.
Y se fueron.
Durante las horas siguientes, Lucía siguió las indicaciones que había recibido y conservó los documentos originales.
La grabación quedó guardada.
Las transferencias también.
La póliza fue revisada con cuidado.
La autorización cuya firma parecía ser de Lucía quedó separada del resto para que pudiera determinarse su procedencia.
La cámara de la maleta también había captado la conversación desde que Lucía entró