abierta.
El vaso de agua permaneció al alcance de Carmen.
Y la carpeta que había estado escondida debajo del colchón quedó sobre una mesa donde Lucía podía verla.
Meses después, todavía había preguntas que debían resolverse sobre la autorización y la póliza.
También quedaban consecuencias familiares que no podían desaparecer de un día para otro.
Lucía no pretendía arreglar 34 meses de engaño en una tarde.
Pero sí había cambiado una cosa fundamental.
Ya nadie podía decirle que su madre estaba simplemente confundida.
Había encontrado a Carmen encerrada.
Había encontrado