fue menos cómoda.
Habían intentado localizarla varias veces después de que cumpliera la edad establecida en los documentos.
Pero Clara había cambiado de domicilio, había adoptado el apellido Valdés y, durante años, prácticamente toda su correspondencia financiera había sido gestionada desde el entorno de Álvaro.
Ernesto no acusó a Álvaro de haber ocultado nada porque no podía probarlo.
Solo dijo lo que sabía.
Las cartas nunca habían llegado a Clara.
Los intentos de contacto habían terminado en respuestas incompletas.
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Y hacía pocas semanas una revisión interna había permitido reconstruir