Cuando mi papá volvió a llamarme desde Dubái, ya no quería saber cuánto me habían costado las vacaciones ni por qué había llevado a Sofía y Mateo conmigo: quería hablarme de una deuda de casi 580 mil pesos que Alejandro ya no podía seguir escondiendo.
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Yo estaba desayunando con mis hijos en el hotel cuando vi su nombre en la pantalla.
Contesté.

—Mariana, necesito que escuches esto con calma.
Me pareció extraño.
Mi papá casi nunca me hablaba así.
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Normalmente, cuando se trataba de Alejandro, todo empezaba con