su bolso.
Sacó la pequeña caja blanca.
La sostuvo entre las manos y, por primera vez desde que salió de la casa, sonrió mientras lloraba.
—Somos tú y yo —susurró.
Todavía no sabía que la frase estaba equivocada.
A la mañana siguiente, el doctor Daniel Herrera la llamó para pedirle que regresara a consulta.
Había un dato en los estudios que quería confirmar.
Clara llegó esperando una complicación.
Salió con las piernas temblando por una razón muy distinta.
No esperaba un solo bebé.
Esperaba tres.
Daniel se lo mostró con