semanas después y no fue como Álvaro la había imaginado alguna vez.
No hubo caja blanca.
No hubo zapatitos entregados entre lágrimas.
Clara se lo comunicó de forma directa durante una conversación sobre el futuro de los niños.
Álvaro quedó inmóvil.
—¿Niños?
—Son tres.
Él tardó en reaccionar.
Después quiso acercarse.
Clara retrocedió.
—No confundas ser su padre con volver a ser mi esposo.
Fue una frontera sencilla, pero cambió toda la relación entre ellos.
Álvaro podría tener un lugar en la vida de sus hijos si aprendía a construirlo.