Años después conservaba todavía la caja blanca que había comprado aquella mañana para Álvaro.
Los zapatitos nunca fueron usados.
Eran demasiado pequeños incluso para los tres bebés cuando nacieron.
Durante mucho tiempo Clara los mantuvo guardados porque le recordaban la noticia que no pudo compartir.
Finalmente los sacó.
No para enviárselos a Álvaro.
No para colocarlos como símbolo de una victoria.
Los puso en una repisa de su oficina, junto a la vieja fotografía de Julián y Ernesto frente a aquella primera empresa diminuta.
Sus hijos le preguntaron una vez