por qué conservaba unos zapatos que nadie había utilizado.
Clara les contó la verdad de una forma que pudieran comprender.
Dijo que los había comprado el día en que creyó que necesitaba que otra familia celebrara su existencia para sentirse completa.
Pero terminó descubriendo algo distinto.
Aquel día no había perdido una casa.
Había recuperado la puerta hacia su propia vida.
Y esta vez, cuando sus tres hijos salieron corriendo de su oficina y dejaron la puerta abierta detrás de ellos, Clara no la cerró.