pertenencia a una familia que nunca terminó de aceptarla.
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—¿Por eso preguntó por Clara Serrano?
—Sí.
Ella abrió el sobre.
Dentro había una copia de una carta de su padre.
No era una despedida sentimental ni una explicación completa.
Era breve, práctica y muy propia de él.
Julián había dejado claro que cualquier patrimonio vinculado a su trabajo debía llegar a su hija cuando pudiera administrarlo por decisión propia y sin que otra familia lo absorbiera en su nombre.
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Clara leyó esa última parte dos veces.
Entonces comprendió