único que tenía.
Me llamo Isabel Ruiz. Tengo setenta y dos años, fui maestra de primaria durante casi toda mi vida, y vivo sola en un pequeño adosado a las afueras de Valladolid.
Desde que me operaron de la cadera, el jardín se me había ido de las manos. La hierba crecía por todas partes. Un vecino debió quejarse, porque unos días antes encontré en el buzón una carta del Ayuntamiento. Muy correcta, muy educada, pero clara.
Mi primer impulso fue decir que no.
No porque el muchacho hubiera hecho