Con los ojos todavía rojos.
Y con un sobre blanco en la mano.
—Señora Ruiz… —dijo—. Perdone que vuelva a molestarla.
Miré el sobre.
—¿Ha pasado algo con la niña?
Negó deprisa.
—No, no. Nora está mejor. Ya tiene las mascarillas. Y la leche también.
Entonces respiré.
No me di cuenta hasta ese momento de que llevaba toda la tarde con el pecho apretado.
—Entonces, ¿qué haces aquí?
Álvaro bajó la mirada y me tendió el sobre.
—Le traigo lo que sobra.
No entendí.
—¿Qué sobra?
—De los cien euros.