como una persona.
Si alguien cree que la historia de Álvaro terminó cuando se fue empujando aquel cortacésped viejo por mi calle, se equivoca.
Porque aquella misma tarde, cuando ya estaba oscureciendo sobre las afueras de Valladolid, volvieron a llamar a mi puerta.
Tres golpes suaves.
Casi con miedo.
Yo estaba en la cocina, con la taza de manzanilla entre las manos, pensando en aquel chico, en su hija, en mis propios prejuicios.
Al abrir, lo encontré otra vez allí.
Álvaro.
Le résultat était plus bas que prévu.
Antonio était