El chico tatuado que pidió quince euros y terminó cambiándome la vida kara

está mejor. Ya tiene las mascarillas. Y la leche también.

Entonces respiré.

No me di cuenta hasta ese momento de que llevaba toda la tarde con el pecho apretado.

—Entonces, ¿qué haces aquí?

Álvaro bajó la mirada y me tendió el sobre.

—Le traigo lo que sobra.

No entendí.

—¿Qué sobra?

—De los cien euros.

Se me quedó la mano en el picaporte.

—Álvaro…

—He comprado lo que hacía falta. Me han quedado ochenta y dos euros con cuarenta. No puedo quedármelos.

Lo dijo con una seriedad que me dejó