se negaba a comportarse. Algo dentro de ti no se calmaba, no se normalizaba, no dejaba de arañar el lugar sellado debajo de la cama.
Así que lo abres.
Y sí, lo que encontraste dentro destruyó la vida que creías tener.
Pero también puso fin a la vida mucho peor que habrías seguido viviendo si te hubieras quedado callado el tiempo suficiente para que el olor se normalizara.