Peyton apretó los labios.
—Ella trabaja todo el día, llega tarde y ni siquiera puede cocinar algo con sabor. Dime, Craig, ¿para eso te casaste con ella?
Peyton bajó la mirada.
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No porque sintiera vergüenza.
Porque estaba intentando no reaccionar.
Había aprendido a controlar su rostro cuando Beatrice empezaba.
La reacción siempre terminaba perjudicándola.
Si respondía, era irrespetuosa.
Si se quedaba callada, era fría.
Si explicaba cuánto trabajaba, estaba buscando excusas.
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Si defendía su dinero, era egoísta.
No había una respuesta correcta.
Solo había una expectativa.
Que Peyton