a él había un plato de sopa caliente. Daniel se levantó y sonrió con nerviosismo.
—Él es Michael. Se quedará con nosotros esta noche.
Miré a mi esposo con desconcierto.
—¿De qué lo conoces?
—Me lo encontré en el camino. No tiene dónde quedarse.
Daniel respondió demasiado rápido, como si hubiera preparado aquella explicación de antemano. Michael levantó la cabeza.
—No le causaré ningún problema. Me marcharé temprano por la mañana.
Su voz era tranquila, pero había algo doloroso en su mirada. Observaba nuestra cocina como si ya hubiera estado