cazuela. Ruth pensó que ya se había ido, pero seguía en la sala.
No pude moverme.
—¿Carol escuchó lo que mi madre te dijo?
—Cada palabra.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque ella misma me lo dijo. Hace unos quince años me localizó a través de mi hermana y me mandó una carta. Nunca le contesté.
Sentí la garganta cerrada.
—Entonces sabía por qué te habías ido.
—Sí.
—Y todos esos años me vio creer que te habías marchado porque no me querías.
Anna bajó la mirada.
—Lo siento.
—No dijo nada…