Parte 2: LA TORMENTA SILENCIOSA KARA

pasó rozando mi camiseta. Jake sonrió, convencido de que me había obligado a huir.

No comprendía que estaba midiéndolo.

Era fuerte, rápido y técnicamente competente. También era impulsivo, vanidoso y dependía demasiado de que sus adversarios le tuvieran miedo.

Los hombres como él confundían agresividad con control.

—¡Vamos! —rugió—. ¿Eso es todo lo que sabe hacer la famosa mamá suburbana?

Escuché algunas risas nerviosas, pero murieron enseguida.

Jake atacó por tercera vez.

Amagó con la derecha y lanzó una patada frontal al abdomen. Desvié su pierna, entré en su guardia