caja de herramientas.
Sus guantes.
Una radio pequeña.
Y, sobre una estantería, varias cajas de cartón.
Empecé a revisar una por una.
Hasta que encontré una carpeta azul.
En la portada estaba escrito:
“Propiedad y cosecha — Mónica.”
Sentí un escalofrío.
Abrí la carpeta.
La primera página era una copia de un correo electrónico.
La segunda, fotografías.
La tercera, documentos.
Y entonces entendí.
Mónica no había comenzado a robar nuestras frutas aquella semana.
Daniel llevaba meses vigilándola.
Había fotografías de la cerca rota.
Fotografías de Mónica entrando en nuestra propiedad.
Incluso