Parte 1
Mi esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio en Ciudad de México con su amante tomada del brazo.
Santiago Alvarado caminaba como si ya hubiera ganado.
Traje oscuro hecho a la medida.
Reloj de más de 400,000 pesos.
Renata Solís pegada a su hombro con un vestido color crema y una sonrisa que parecía ensayada frente al espejo.
Cuando pasó junto a mí, Santiago se inclinó apenas.
—La empresa, la casa de Bosques, los coches y las cuentas están a mi nombre.
Esperó a que lo mirara.
—