Mi arrogante esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio con su amante del brazo y me susurró: —La empresa, la mansión y los autos ya son míos. Para el viernes no tendrás ni dónde vivir. No lloré ni discutí. Simplemente me puse de pie y me quité el abrigo. Cuando todos vieron las cicatrices que sus millones habían intentado ocultar durante años, la audiencia dejó de parecer un divorcio.

Parte 1

Mi esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio en Ciudad de México con su amante tomada del brazo.

Santiago Alvarado caminaba como si ya hubiera ganado.

Traje oscuro hecho a la medida.

Reloj de más de 400,000 pesos.

Renata Solís pegada a su hombro con un vestido color crema y una sonrisa que parecía ensayada frente al espejo.

Cuando pasó junto a mí, Santiago se inclinó apenas.

—La empresa, la casa de Bosques, los coches y las cuentas están a mi nombre.

Esperó a que lo mirara.

—