que el estómago se me cerraba.
Era el nombre de un hombre que yo conocía.
Robert Hale.
El abogado que había intentado comprar nuestra propiedad seis meses antes.
El mismo hombre que Daniel había mencionado en una de sus notas.
Aquella noche fui a buscar a Mónica.
Golpeé su puerta.
Ella abrió lentamente.
Cuando vio mi expresión, supo que ya había descubierto algo.
—Robert estuvo aquí anoche —dije.
Mónica palideció.
—No sé de qué hablas.
—Mientes.
Ella bajó la mirada.
—Claire…
—¿Qué quería?
Mónica tardó unos segundos en responder.
Después