decir “no es mi problema” hasta que el problema toca su puerta. Pero cuando mostramos las capturas, una mamá se quebró. Su hijo también había sido humillado por el grupo de Nayeli. Otra contó que su hija pidió cambiarse de salón. Un papá dijo que meses antes había reportado amenazas y la dirección le respondió: “Son cosas de adolescentes”.
No era un caso. Era un patrón.
Y un patrón, cuando se documenta, deja de ser chisme.
En dos días reunimos testimonios, fotos, mensajes, audios y nombres. Presentamos una queja formal