sonar grosero—. Α esa hora no hay nadie en la casa.
Ella no bajó la mirada.
—Entonces usted no sabe lo que pasa ahí adentro kara.
Esa frase me ardió más que cualquier insulto.
Me llamo Tomás Medina, tengo 43 años y durante mucho tiempo creí que ser buen padre era pagar la renta, llenar el refri y llegar con algo de dinero cada quincena.
Mi esposa, Verónica, trabajaba en una clínica dental. Yo salía antes de que amaneciera y regresaba cuando la casa ya olía a cena recalentada. Nuestra