más fuerte —me dijo, con la cara pálida—. Decía: “Por favor, ya déjenme”. Usted tiene que revisar.
Esa noche subí al cuarto de Lucía. Estaba sentada en su cama, con audífonos, mirando el celular.
—¿Todo bien, hija?
—Sí, papá. Todo normal.
“Normal”. Esa palabra empezó a sonarme como una mentira.
Αl día siguiente hice como que me iba a trabajar. Tomé café, me puse la chamarra y me despedí. Lucía salió con uniforme y mochila. Verónica se fue poco después. Yo manejé unas cuadras, estacioné lejos y regresé caminando.
Entré