los bordes de la bañera.
Y entonces vi la libreta.
Estaba sobre el lavabo, junto al dispensador de jabón.
Azul.
Abierta.
No era un cuaderno de dibujos.
Tenía columnas.
Fechas.
Horas.
Marcas.
Algunas palabras estaban escritas con prisa, pero la letra era de Mark.
8:10.
8:45.
9:20.
“Más dosis si se resiste”.
La operadora escuchó mi respiración cambiar.
“Señora, las unidades están en camino. Mantenga la línea abierta”.
Mark vio la libreta al mismo tiempo que vio mi cara.
Ahí se le fue el color.
No cuando