lo creí.
La primera vez que noté algo extraño no fue por un grito.
Fue por el reloj.
A las 8:10 de la noche, Mark subía con Sophie al baño.
A las 8:25, yo esperaba oír el agua apagarse.
A las 8:40, me decía que quizá la estaba dejando jugar.
A las 9:05, el pasillo todavía olía a vapor, jabón infantil y humedad caliente.
A las 9:17, yo ya estaba de pie fuera de la puerta, con una mano levantada y una duda clavada detrás