volvió al teléfono.
—Necesito que venga al restaurante.
—¿Qué está pasando?
—No puedo explicárselo así. Acabo de enterarme de algo que su hijo lleva ocultando desde hace meses.
Sentí que se me helaban las manos.
—¿Está herido?
—Ahora mismo está bien.
Otra pausa.
—Pero todo lo que le ha contado sobre ese dinero es mentira.
Todo había comenzado con una bicicleta negra en el aparador de una tienda deportiva de Guadalajara.
Cuadro negro mate.
Letras naranjas.
18 velocidades.
Suspensión delantera.
11,900 pesos.
Mateo podía describir cada detalle.
Cada vez