Parte 1
Mi hijo de 13 años llevaba 6 meses lavando platos todos los sábados para comprarse una bicicleta.
O eso creía yo.
Hasta que su jefe me llamó y preguntó:
—Señora, ¿usted sabe qué hace Mateo con cada peso que le pago?
Sonreí, todavía sin entender.
—Claro. Está ahorrando para una bicicleta.
Don Ernesto guardó silencio.
Luego escuché un golpe al otro lado de la línea.
Una mujer hablando fuerte.
Y la voz de mi hijo:
—¡No se lo diga, por favor!
Me puse de pie.
—¿Mateo?
Don Ernesto