no parecía el hombre que controlaba cada detalle.
Parecía asustado.
Yo seguía sin entender.
—Señoría —dije—, realmente no sé qué contiene ese sobre.
—Lo creo, señora Bennett.
El juez volvió a la primera página.
—Es una solicitud de préstamo utilizando como garantía una propiedad registrada únicamente a su nombre.
Sentí que se me helaban las manos.
La propiedad era la pequeña casa que mi padre me había dejado.
Daniel sabía que yo jamás aceptaría venderla.
—Yo nunca firmé ningún préstamo.
El juez giró el documento.
Allí estaba mi nombre.
Y