Mi esposo llegó a casa a las 12:47 de la madrugada y sonrió. —Pasé nuestro aniversario con Claudia. Y no me arrepiento. Yo terminé mi cena fría sin discutir. A la mañana siguiente, su coche no arrancó. Luego abrió el sobre que dejé en la cocina… y empezó a llamarme desesperadamente.

inmobiliaria.

Su salario era bueno.

Pero no explicaba 9,600,000 pesos.

Mucho menos las sociedades creadas en Guadalajara, Mérida y Monterrey que compartían apoderados, correos electrónicos y domicilios fiscales.

El adulterio había sido casi un detalle secundario.

Lo peligroso era el dinero.

—Voy a dormir en la habitación de invitados —dije.

Nicolás soltó una carcajada.

—Mañana hablaremos de cómo vamos a repartir todo.

Lo miré.

—Claro.

Cerré la puerta de la habitación y abrí mi computadora.

Durante 3 horas organicé documentos públicos, actas corporativas, movimientos bancarios que habían llegado