respiró profundamente.
—La situación de Amelia era complicada.
—Eso no responde mi pregunta.
Silencio.
Finalmente habló.
—Su tutor dejó de responder. Legalmente no podíamos intervenir más allá de ciertos límites.
—¿Ciertos límites?
Me incliné hacia adelante.
—Su escuela tiene un departamento entero dedicado al bienestar estudiantil.
Ella apartó la mirada.
Y en ese momento entendí.
No era falta de recursos.
Era falta de voluntad.
Esa tarde fui a buscar a Sophie.
Pero ella no estaba en la puerta.
La encontré en el patio trasero de la escuela.
Estaba sentada con