El barbero de mi hijo me pidió que revisara detrás de su oreja: veinte minutos después, la policía estaba en mi casa

y volvió casi corriendo, con la radio en la mano. Ethan me apretó la mano y señaló hacia la entrada: “Hay algo más”.

En la parte baja del marco de la puerta, a la altura de un niño, había un pequeño círculo dibujado con marcador negro, cruzado por dos líneas. Yo nunca lo había visto. Ethan sí: el hombre le había pedido que lo dibujara “para que los amigos de papá supieran cuál era su casa”.

La oficial a cargo, Lucía Ferreyra, se quedó mirándolo un largo rato. Después me