Inés apretó la manga de Elena y acercó la boca a su oído, como si temiera que Álvaro pudiera escucharla incluso desde el otro extremo de la sala.
—No fue la primera vez, abuela.
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Elena sintió que la mano de la niña se volvía más fría dentro de la suya.

No la interrogó.
No la corrigió.
No la obligó a explicar lo que acababa de decir frente al ataúd de su madre.
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Se agachó hasta quedar a su altura y le preguntó solamente si había visto algo que