Mi esposo me dejó sola con nuestra bebé de 3 meses y nuestra hija enferma de 2 años. —Este matrimonio es tóxico. Necesito espacio. 3 semanas después, regresó de Europa sonriendo. —Ya me divertí. Vuelvo a ser tu esposo. Entonces vio al hombre sentado a mi mesa. Daniel levantó la mirada. —Bienvenido a casa, Mauricio. Mi esposo palideció.

hermana se llevó una mano a la boca.

Mauricio golpeó la mesa.

—¡Revisaste mis cuentas!

—Nuestras cuentas.

—Estabas ausente. Todo era bebés, médicos, enfermedades. Yo también estaba sufriendo.

—Y por eso transferiste casi 700.000 pesos.

Su padre levantó la cabeza.

—¿Qué dinero?

Mauricio dejó de respirar por un instante.

Yo todavía no había terminado.

—El dinero para el departamento de Reforma.

Aquello destruyó la palabra error.

Un error no firma contratos.

Un error no aparta departamentos.

Un error no mueve cientos de miles de pesos durante meses.

Mauricio abrió