Parte 1
Mi esposo volvió de Europa 3 semanas después de abandonarme con una bebé de 3 meses y una niña de 2 años enferma.
Entró a la casa arrastrando una maleta negra, dejó una caja de chocolates sobre la consola y sonrió como si hubiera regresado de un viaje de negocios.
—Ya me divertí.
Lo miré sin responder.
Mauricio tenía la piel bronceada, camisa nueva y esa expresión descansada que yo no había visto en mi propio rostro desde antes de que naciera Emilia.
—Necesitaba sacármelo del sistema —añadió—.