me correspondía.
Entonces entendí por qué había ido a buscarme.
La compañía no estaba realmente destruida.
El edificio, la cartera de clientes y varias propiedades valían mucho más que las deudas.
Si yo firmaba la ratificación, Ricardo obtendría el control legal necesario para refinanciar.
Después vendería los activos.
Pagaría al banco.
Entregaría suficiente dinero a mis padres para mantenerlos callados.
Y se marcharía con casi 34 millones de pesos.
No había venido a salvarme de ellos.
Había venido a utilizar mi resentimiento.
—Tú le dijiste a mamá que debía recuperarme.