Parte 1
Mi madre apareció en mi puerta después de 15 años de silencio con una cazuela entre las manos y una sonrisa que me devolvió de golpe a la noche en que mi padre arrojó mi maleta bajo la lluvia.
Yo tenía a mi hija de 4 semanas dormida contra el pecho.
Mi madre abrió los brazos.
—Estamos listos para perdonarte, Valeria.
Por un segundo pensé que había escuchado mal.
—¿Perdonarme?
Su sonrisa vaciló.
—Todos cometemos errores.
No dijo lo siento.
No dijo nos equivocamos.
Ni siquiera preguntó cómo