en el piso del taller.
6 meses después vendí Seguros Mendoza.
Pagué cada deuda legítima.
Mis padres vendieron la casa grande donde yo había crecido.
Mi padre se mudó a un departamento pequeño.
Mi madre comenzó terapia.
Yo no los perdoné porque un sacerdote me lo pidiera.
Tampoco porque mi padre casi muriera.
Entendí que perdonar no significaba entregar nuevamente las llaves de mi vida.
Con parte del dinero creamos un fondo con los nombres de Elena Mendoza y Arturo Salgado.
Ayudaba a familias con bebés hospitalizados y a bomberos