estaba afuera.
No lo veía desde hacía 15 años.
Abrí.
Ni siquiera intentó abrazarme.
—No firmes nada que mamá te lleve.
Sentí un escalofrío.
—¿De qué estás hablando?
Ricardo miró hacia la habitación donde dormía Renata.
Luego me miró a mí.
—Seguros Mendoza se está hundiendo.
Parte 2: Ricardo puso una carpeta sobre mi mesa.
La empresa familiar tenía deudas cercanas a 16 millones de pesos.
Mi padre había hipotecado la casa.
El edificio de oficinas estaba como garantía.
Había préstamos vencidos.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
Ricardo