Lloraba a mi bebé tras el parto, hasta que mi hijo de 7 años me susurró: “Mamá, no se fue. Vi lo que hizo papá”

a casa

Durante meses, Tomás le habló a mi panza cada noche. Nos ayudó a pintar el cuarto de verde menta, eligió las cortinas con nubes y tardó semanas en decidir qué peluche regalarle. Al final se quedó con una jirafa de orejas largas porque “toda hermanita necesita a alguien con quien dormir”.

De aquella noche en la clínica de Valparaíso recuerdo solo fragmentos: Gustavo apretándome la mano, mi mamá llevándose a Tomás, las luces blancas, la sangre, una mascarilla bajando sobre mi cara.

Cuando desperté, Gustavo estaba sentado a