a casa
Durante meses, Tomás le habló a mi panza cada noche. Nos ayudó a pintar el cuarto de verde menta, eligió las cortinas con nubes y tardó semanas en decidir qué peluche regalarle. Al final se quedó con una jirafa de orejas largas porque “toda hermanita necesita a alguien con quien dormir”.
De aquella noche en la clínica de Valparaíso recuerdo solo fragmentos: Gustavo apretándome la mano, mi mamá llevándose a Tomás, las luces blancas, la sangre, una mascarilla bajando sobre mi cara.
Cuando desperté, Gustavo estaba sentado a