compañía no siempre viene de quienes llevan años en nuestra vida, sino de quienes deciden estar presentes cuando realmente importa.
Cuando finalmente recibí el alta médica, salí del hospital siendo una persona diferente. Ya no me preocupaba quién había ido a visitarme y quién no. En lugar de eso, agradecía haber recuperado la salud y haber aprendido una lección que probablemente nunca habría descubierto de otra manera. Al regresar a casa comenzaron a llegar mensajes preguntando cómo estaba o diciendo que no habían podido ir porque estaban ocupados.

No respondí